Cada que veo al Negro (así llamamos al perrito de ojos tristes que siempre frecuenta la casa), no puedo evitar recordar lo bonito que se siente tener un animal de compañía que a pesar de que quizás no entiende una palabra de lo que dices y hay días en los que ni busque contacto contigo, pero siempre es un gusto convivir con él aún con límites de por medio. Lo que extraño de tener mascota más que nada es hacerles piojito al grado de que cuando se les pega la gana vienen a mí y comienzan a emplear señas para pedir atención (Cosa por ejemplo se paraba en dos patas y con sus garritas delanteras tocaba mis manos, y el Chucho restregaba su cabecita contra mis piernas casi como si fuera un gato), alimentarlos y ver cómo mueven la cola, su aprehensión a ser bañados y cepillados, o verlos ir y venir por donde ellos quieran para después regresar a casa seguros de que aquí se les espera y se les quiere.
Quizá pueda darme el lujo de volver a tener un animal de compañía (de preferencia adoptado) en un año o dos...
Quizá pueda darme el lujo de volver a tener un animal de compañía (de preferencia adoptado) en un año o dos...
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